{"id":4462,"date":"2025-03-14T09:37:53","date_gmt":"2025-03-14T09:37:53","guid":{"rendered":"https:\/\/entangelments.de\/?p=4462"},"modified":"2025-03-14T09:38:29","modified_gmt":"2025-03-14T09:38:29","slug":"del-sueno-de-la-atencion-del-angel-suspendido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/entangelments.de\/es\/del-sueno-de-la-atencion-del-angel-suspendido","title":{"rendered":"Del sue\u00f1o de la atenci\u00f3n del \u00e1ngel suspendido"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1920\" height=\"1080\" src=\"https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/tanz-in-truemmern.jpg\" alt=\"alt=&quot;Angelus Novus - Tanz in den Tr\u00fcmmern&quot;&gt;\" class=\"wp-image-4437\" srcset=\"https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/tanz-in-truemmern.jpg 1920w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/tanz-in-truemmern-384x216.jpg 384w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/tanz-in-truemmern-192x108.jpg 192w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/tanz-in-truemmern-768x432.jpg 768w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/tanz-in-truemmern-1536x864.jpg 1536w\" sizes=\"auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Angelus Novus &#8211; Danza en los escombros<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong><strong>Angelus suspensus. Ensayos sobre la paciencia de los \u00e1ngeles (6)<\/strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y una tormenta sopla desde el para\u00edso&#8230;&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>y abre de par en par las puertas del para\u00edso. Tiene su origen en el \u00e1rbol del conocimiento.&nbsp;Se levanta despu\u00e9s de que se haya recogido la fruta prohibida. Si hasta ahora solo el viento suave mov\u00eda las hojas y los frutos, ahora se vuelve cada vez m\u00e1s fuerte. Barre el para\u00edso con estruendo y abre sus puertas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un \u00e1ngel sin nombre, con las alas plegadas y de cara a la puerta, solo oye un chirrido de las bisagras, hasta entonces inutilizadas, y luego es arrastrado por la tormenta.&nbsp;Con horror, abre los ojos de par en par y su boca se abre en un grito de protesta. Arrastrado lejos de su lugar, de su trabajo, vuela con las alas abiertas en la tormenta, con la mirada fija en el lugar donde las puertas del para\u00edso le ofrec\u00edan cobijo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un \u00e1ngel de la forma del sufrimiento, incapaz de actuar. Incapaz de moverse, de actuar, permanece en el estado en el que la tormenta lo mantiene cautivo. Es impulsado por lo que no exist\u00eda antes de la tormenta: un exterior del para\u00edso. Se forma un mundo y \u00e9l es testigo del tiempo, de la historia. Esta es ahora su tarea.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus alas permanecen extendidas, como en aquella fracci\u00f3n de tiempo a\u00fan inexistente, cuando la tormenta lo atrap\u00f3 y \u00e9l se esforz\u00f3 por resistirla, pero fue arrastrado. Tampoco puede cerrar los ojos ante lo que se ve obligado a contemplar. Paralizado e indefenso, privado de su capacidad de volar, solo le queda cumplir con su nueva tarea: ver, atestiguar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a las puertas ahora vigilan otros \u00e1ngeles, querubines, con las alas orientadas hacia el para\u00edso, la mirada atenta hacia el exterior, la espada desnuda y llameante levantada en defensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Walter Benjamin escribe en su novena tesis filos\u00f3fica sobre la historia del \u00c1ngelus Novus de Klee, que, atrapado en una tormenta, flota a trav\u00e9s del tiempo, con el rostro hacia el pasado y la espalda hacia el futuro. Esta tormenta debe de ser tremenda para empujar a un \u00e1ngel tan indefenso, incapaz de quedarse quieto, de intervenir. La tormenta del progreso, porque de eso se trata en Benjamin, acumula monta\u00f1as de escombros, testimonio de una sola cat\u00e1strofe.<\/p>\n\n\n\n<p>Al nuevo \u00e1ngel de Klee le crecen rollos de pergamino en lugar de pelo. \u00bfA qui\u00e9n van dirigidos estos mensajes? \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s se podr\u00e1 descifrar cuando la tormenta se desate en ellos, los destroce, los desgarre?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 podr\u00eda liberar al \u00e1ngel de la tormenta para que pueda volver a usar sus alas para volar? El tiempo del progreso, Cronos, se representa con alas, pero tambi\u00e9n es \u00e9l quien corta las alas de los dem\u00e1s. (Por ejemplo, en los cuadros de Pierre Mignard, Michel Lalos, Van Dyck, Giacinto Gimignani, en Johann Heinrich Sch\u00f6nfeld Allegorie, Eros incluso le entrega sus alas a Cronos).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se puede \u00abaprovechar la oportunidad\u00bb y encontrar en Cronos, el tiempo que pasa, el Kairos, el tiempo condensado?<\/p>\n\n\n\n<p>Y: \u00bfnos cuenta Benjamin en este texto una pesadilla o es un sue\u00f1o l\u00facido? \u00bfY qui\u00e9n lo sue\u00f1a? \u00bfSue\u00f1an los \u00e1ngeles? \u00bfSue\u00f1os diurnos o nocturnos? Y si es as\u00ed, \u00bfcon qu\u00e9 so\u00f1ar\u00eda el \u00e1ngel de la historia?<\/p>\n\n\n\n<p>Uno dice que los sue\u00f1os no se pueden recordar, que nunca se pueden llevar dentro, solo soportar. Permanecen hors-corps, hors-texte.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se pueden dibujar. Siempre, digo yo y cojo el l\u00e1piz. Yo no soy el \u00e1ngel de la historia, pero si lo fuera, le dibujar\u00eda lo siguiente: Un punto marca el comienzo, preciso, decidido. Comienza el movimiento del ocho. La punta toca el suelo como la pluma toca el papel: lo suficientemente pesada como para dejar una huella, pero lo suficientemente ligera como para liberar la l\u00ednea. Es el momento en el que todo parece detenerse antes de que se desarrolle el movimiento. A partir de este punto, el bailar\u00edn gira sobre s\u00ed mismo sin moverse del sitio, mientras que el punto de giro, el pivote, permanece fijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bailamos las ruinas. Un giro en el que la energ\u00eda circula como si se quemara en el espacio. Mientras el l\u00edder invita al que le sigue a girar con un paso lateral, este sigue el movimiento de invitaci\u00f3n y gira. Su pie libre describe un arco, se eleva en un movimiento que se dibuja medio en el aire y medio proyectado en el suelo. Este arco no es solo movimiento, es una figura: un medio ocho que nace de la energ\u00eda del principio, antes de que el siguiente paso toque el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora comienza el juego de ambos desde el principio: se escribe la segunda mitad del ocho. La mitad del ocho es m\u00e1s que una mera forma. Las piernas escriben con las plantas de los pies un lenguaje que se alimenta del ritmo y la repetici\u00f3n. El paso transmite la fuerza del punto, cada l\u00ednea apunta a la que viene. Dos bailarines que solo pueden crear algo, escribir algo, en la acci\u00f3n conjunta. Dos bailarines que, d\u00e1ndose espacio el uno al otro, forman un nosotros de t\u00fa a t\u00fa y el s\u00edmbolo del infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>El infinito del movimiento de baile, su eterno retorno, su repetici\u00f3n, puede llevar a la pareja de baile a trav\u00e9s del espacio en una trayectoria imaginaria o inscribirse en un lugar hasta que el espacio se abre de nuevo a su alrededor y libera la trayectoria. Porque rara vez estos dos bailan solos en la sala. Otras parejas se mueven a su lado, delante y detr\u00e1s de ellos. Y solo cuando se logra que el nosotros de una pareja se convierta en el nosotros de todas las parejas, fluye el espacio. Se crea un flujo en el que el tiempo ya no importa, en el que, llevados por la m\u00fasica, todas las parejas se mueven juntas<em>, y<\/em>&nbsp;como pareja<em>, y<\/em>&nbsp;como l\u00edderes y seguidores. Aunque la l\u00ednea de movimiento en el espacio puede ser la de un c\u00edrculo, la de la danza es la de una elipse. Dos puntos focales dobles: t\u00fa y t\u00fa, nosotros y nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e1ngel no observa la danza. Se ve a s\u00ed mismo, una y otra vez, como una figura so\u00f1adora, atrapada en el torbellino de la tormenta. Si se viera a s\u00ed mismo, podr\u00eda suponer que est\u00e1 bailando. Pero solo son las fuerzas de la tormenta las que lo arrojan de un lado a otro.&nbsp;Estas fuerzas se deslizan a su alrededor y sobre \u00e9l. El viento provoca una corriente en la superficie que no se mueve exactamente en la direcci\u00f3n del viento, sino que se desv\u00eda ligeramente. \u00bfEst\u00e1 el \u00e1ngel sujeto a la fuerza de Coriolis en la tormenta del progreso? \u00bfEst\u00e1 su cuerpo atado al cuerpo giratorio de la Tierra en la tormenta y, por lo tanto, su trayectoria aparentemente se desv\u00eda? Posiblemente su mirada sobre los escombros amontonados sea por eso una mirada so\u00f1adora, siempre un poco desplazada. Y posiblemente sea precisamente esta mirada sesgada la que despierte en \u00e9l el deseo de \u00abpermanecer, salvar a los muertos y reconstruir lo destrozado\u00bb. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si el \u00e1ngel despertara, aunque solo fuera por un momento? \u00bfPodr\u00eda entonces escapar de la tormenta, salir de ella y caer en otro tiempo? \u00bfUn tiempo en el que las cat\u00e1strofes no se sucedieran cronol\u00f3gicamente, sino en el que otras cosas fueran posibles? Bailar, tal vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los \u00e1ngeles nunca est\u00e1n despiertos. La tormenta que retiene al \u00e1ngel no es movimiento, sino estado. Los bailarines le parecen como el resplandor de su propio sue\u00f1o: un juego infinito de repeticiones en el que cada semic\u00edrculo refleja una parte de s\u00ed mismo, lo que es, para no ser. Hoy el \u00e1ngel reconoce algo nuevo: en cada semic\u00edrculo vibra un segundo, invisible pero palpable. Yin y Yang. Juntos forman dos nuevos focos de la elipse de fuego. No permanecen visibles ni quietos, sino que viven, pulsando el uno hacia el otro en movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Un impulso abre, se dirige hacia el exterior, mientras que el otro retorna, retiene, preserva. Los puntos suspensivos entrelazados encarnan la armon\u00eda de los opuestos. El paso hacia delante es el Yang, el impulso, la apertura. El paso hacia atr\u00e1s es el yin, el sostener, el abrazar. Ambos se unen como dos mitades, como dos que se condicionan mutuamente. La danza y el ocho son di\u00e1logo. Hacia delante y hacia atr\u00e1s, punto y giro, caos y orden: todo esto se encuentra en este movimiento. Se crea un flujo en el que los opuestos se disuelven y encuentran, se abrazan y encuentran una nueva forma.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e1ngel ve c\u00f3mo los entrelazados llenan el espacio y, al mismo tiempo, unen el tiempo. Como el ocho, lo fugaz, en el que el ojo y la mirada, el tiempo y el espacio, todo y nada se anulan, en el que lo t\u00e1cito y lo invisible pueden respirar, tiempo com\u00fan para el movimiento y la quietud, el sonido y el silencio. El \u00e1ngel es siempre un so\u00f1ador, pero no observa el baile. \u00c9l mismo baila y, sin embargo, no despierta. Duerme la tormenta con los ojos abiertos. Sus piernas est\u00e1n muy atentas. Y entonces sucede: un paso en falso y el campo de escombros permanece en el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Marlen Wagner<br>Tom Sojer<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Angelus suspensus. 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