{"id":4344,"date":"2024-10-15T18:23:57","date_gmt":"2024-10-15T18:23:57","guid":{"rendered":"https:\/\/entangelments.de\/?p=4344"},"modified":"2024-12-20T22:45:59","modified_gmt":"2024-12-20T22:45:59","slug":"tu-sueno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/entangelments.de\/es\/tu-sueno","title":{"rendered":"Resonancias de ti a ti"},"content":{"rendered":"\n<p>Angelus suspensus. Ensayos sobre la paciencia de los \u00e1ngeles (4)<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1911\" height=\"1080\" src=\"https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-1911x1080.jpg\" alt=\"alt=&quot;Delante del monumento a Johannes R. Becher: Tom Sojer y Robert Krokowski en un paseo en enero de 2024.&quot;&gt;\" class=\"wp-image-4338\" srcset=\"https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-1911x1080.jpg 1911w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-382x216.jpg 382w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-192x108.jpg 192w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-768x434.jpg 768w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-1536x868.jpg 1536w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080-388x220.jpg 388w, https:\/\/entangelments.de\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/IMG_3547_1920x1080.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1911px) 100vw, 1911px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Tom Sojer y Robert Krokowski de paseo en enero de 2024 \u00a9 Marlen Wagner<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Yo y t\u00fa<br>La vaca del molinero,<br>El burro del molinero, ese eres tu<br>Ese eres tu, pero no por mucho tiempo.<br>Dime primero, \u00bfcu\u00e1ndo ser\u00e1s yo?<br>Uno y dos, ya se fue,<br>El Yo se convierte en un lugar,<br>Y el t\u00fa se desvanece.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Canci\u00f3n de rima de la escuela del Narcisismo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Saliste de mi sue\u00f1o,<br>Yo emerg\u00ed del tuyo.<br>Morimos cuando uno<br>Se pierde por completo en el otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Johann Peter Hebel, Yo y t\u00fa<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tu escribes:<\/em>&nbsp;\u201cNuestra mirada dec\u00eda \u2018T\u00fa,\u2019 pero \u00bfa qui\u00e9n, y hacia&nbsp;d\u00f3nde? Est\u00e1bamos frente al \u2018T\u00fa\u2019 perdido, pero solo lo vimos escurrise.&nbsp;Ninguna&nbsp;forma clara, ninguna certeza. Y, sin embargo, incluso en la p\u00e9rdida, el \u2018T\u00fa\u2019&nbsp;permanec\u00eda\u2014como un eco que jam\u00e1s se borraba del&nbsp;todo. Un fragmento que nos&nbsp;sosten\u00eda\u2014escapando, pero reapareciendo en las huellas silenciosas de lo no&nbsp;dicho. No se fue, solo cambi\u00f3.&nbsp;Nuestras palabras se aferraban a ello, incluso&nbsp;cuando alcanzaban el vac\u00edo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa hablas de un \u2018Nosotros\u2019 nacido de la ausencia del \u2018T\u00fa,\u2019 de algo claro,&nbsp;algo accesible. Hablas de los que estaban unidos en ese \u2018Nosotros,\u2019&nbsp;que ya no&nbsp;pod\u00edan ver el \u2018T\u00fa,\u2019 solo su desvanecimiento. Y lo que queda del \u2018T\u00fa\u2019 para ese&nbsp;\u2018Nosotros\u2019 es un eco. Parece que aquellos que&nbsp;formaban parte del \u2018Nosotros\u2019&nbsp;hab\u00edan llamado \u2018T\u00fa,\u2019 tal vez incluso gritado, en busca de algo que devolviera&nbsp;resonancia, un eco en respuesta.&nbsp;Y nos cuentas que acababa de suceder, pues el&nbsp;eco a\u00fan era audible, aunque lo que lo provoc\u00f3 ya se hab\u00eda desvanecido. Lo que&nbsp;despert\u00f3&nbsp;ese eco no hab\u00eda desaparecido del todo, segu\u00eda suspendido en el aire,&nbsp;mientras el espacio de resonancia se deshac\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa llamas a ese eco un fragmento, algo que manten\u00eda a los que estaban en el&nbsp;\u2018Nosotros\u2019 como si fuera lo que los conectaba, lo que los&nbsp;convert\u00eda en un&nbsp;\u2018Nosotros\u2019\u2014el fragmento de un eco, el remanente de un llamado, la invocaci\u00f3n&nbsp;del otro como \u2018T\u00fa.\u2019 Ese eco se convierte,&nbsp;como lo describes, en una&nbsp;se\u00f1al\u2014parpadeante a veces, otras veces desapareciendo. Como si el eco del \u2018T\u00fa\u2019&nbsp;fuera algo que surge y se&nbsp;retira, no resuelto, sino que aparece y se escapa.&nbsp;Dices que esto sucedi\u00f3 en las \u201chuellas silenciosas de lo no dicho.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa escribes que lo no dicho le da a este eco del llamado \u2018T\u00fa\u2019 un nuevo&nbsp;espacio de resonancia, transform\u00e1ndolo. Y escribes que eso mantuvo&nbsp;viva la&nbsp;palabra de aquellos unidos en el \u2018Nosotros,\u2019 aunque el \u2018T\u00fa\u2019 se les hab\u00eda&nbsp;perdido. Pero el \u2018Nosotros\u2019 del que hablas no somos nosotros.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Quiero explicarte por qu\u00e9, al leer tu relato de ese \u2018Nosotros,\u2019 que hab\u00eda&nbsp;perdido su \u2018T\u00fa,\u2019 sent\u00ed que al menos uno de los \u2018T\u00fa\u2019 en tu \u2018Nosotros,\u2019 al&nbsp;reducirse a su propio \u2018Yo,\u2019 provoc\u00f3 que la resonancia entre Yo y T\u00fa\u2014y entre T\u00fa&nbsp;y T\u00fa dentro del \u2018Nosotros\u2019\u2014se disolviera, reduci\u00e9ndose a&nbsp;una huella del eco del&nbsp;llamado \u2018T\u00fa.\u2019 Cuando un \u2018T\u00fa\u2019 es invocado solo por un \u2018Yo\u2019 para reflejarlo, para&nbsp;ser una simple superficie de sus&nbsp;demandas\u2014cuando la llamada se hace solo para&nbsp;que el espejo se alinee y revele al \u2018Yo,\u2019 haci\u00e9ndolo visible, audible,&nbsp;palpable, incluso&nbsp;danzable\u2014entonces el \u2018Nosotros\u2019 se convierte, al menos para&nbsp;uno de los participantes, en una conexi\u00f3n entre \u2018Yo\u2019 y \u2018Yo.\u2019 Entonces es el&nbsp;\u2018Yo\u2019&nbsp;el que toma el lugar del \u2018T\u00fa,\u2019 utilizando el reflejo del \u2018T\u00fa\u2019 como un espacio&nbsp;para afirmar su realidad. Porque ese \u2018T\u00fa\u2019 debe, para el \u2018Yo,\u2019 ser&nbsp;tambi\u00e9n un&nbsp;\u2018Yo,\u2019 para que su reconocimiento tenga alg\u00fan valor. Solus ipse\u2014solo \u2018Yo\u2019 mismo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa contin\u00faas:<\/em>&nbsp;\u201cNo era un sost\u00e9n firme, ni un agarre seguro, sino&nbsp;un juego de lenguaje que nos atra\u00eda, solo para escabullirse\u2014algo que se&nbsp;escurr\u00eda entre nuestros dedos cuando trat\u00e1bamos de atraparlo. Este \u2018T\u00fa\u2019 era un&nbsp;intento de captar lo inasible, siempre escapando. No pod\u00eda&nbsp;ser atado, se&nbsp;desvanec\u00eda en las profundidades de su propio significado. Un nombre, siempre&nbsp;solo un intento. Y, sin embargo, cuando se&nbsp;pronunciaba \u2018T\u00fa,\u2019 parec\u00eda fundirse&nbsp;con lo que busc\u00e1bamos\u2014un momento que se\u00f1alaba m\u00e1s all\u00e1 de las palabras. Un&nbsp;signo que nunca estaba&nbsp;completamente al alcance.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>Narcisismo, soledad del yo, vanidad\u2014tantas palabras que tratan de explicar&nbsp;la transformaci\u00f3n del \u2018T\u00fa\u2019 en un espejo del \u2018Yo.\u2019 Pero lo que&nbsp;ocurre es la&nbsp;exclusi\u00f3n del T\u00fa, la exclusi\u00f3n del extra\u00f1o dentro de nosotros, as\u00ed como del&nbsp;otro como extra\u00f1o. Hablas de lo inasible que se&nbsp;escapa, del fracaso en&nbsp;nombrarlo\u2014y de c\u00f3mo el \u2018T\u00fa\u2019 permanec\u00eda como un eco tenue de una resonancia que&nbsp;una vez le dio al \u2018Nosotros\u2019 algo&nbsp;m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje, m\u00e1s all\u00e1 de las&nbsp;palabras. Tratas de captar esta relaci\u00f3n en el \u2018Nosotros,\u2019 describi\u00e9ndola a&nbsp;trav\u00e9s de la figura de la&nbsp;elipse, como discutimos antes\u2014explicando por qu\u00e9 la&nbsp;concentraci\u00f3n del \u2018Yo\u2019 en s\u00ed mismo es algo completamente distinto al enfoque&nbsp;del&nbsp;\u2018Nosotros\u2019 en el otro como \u2018T\u00fa.\u2019<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escribes:<\/em>&nbsp;\u201cLa relaci\u00f3n que se tend\u00eda entre nosotros no era un centro, ninguna&nbsp;fuerza est\u00e1tica, sino un movimiento entre los focos de la&nbsp;elipse. \u2018T\u00fa\u2019 y \u2018Yo\u2019&nbsp;se situaban en relaci\u00f3n el uno con el otro, no por atracci\u00f3n central, sino como&nbsp;dos polos, renegociando constantemente la&nbsp;cercan\u00eda y la distancia en una&nbsp;constelaci\u00f3n din\u00e1mica. La conexi\u00f3n no estaba en el centro, sino a trav\u00e9s de la&nbsp;elipse abierta, pasando de un&nbsp;punto al otro.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>Si la relaci\u00f3n en el \u2018Nosotros\u2019 que describes hubiera sido como la de \u2018T\u00fa\u2019&nbsp;y \u2018T\u00fa,\u2019 cada uno en los focos de una elipse, con su centro vac\u00edo\u2014sin lugar para&nbsp;el \u2018Yo,\u2019 solo un umbral entre \u2018T\u00fa\u2019 y \u2018T\u00fa\u2019\u2014entonces quiz\u00e1 el \u2018T\u00fa\u2019 no habr\u00eda&nbsp;tenido que reducirse al simple eco de un llamado. La&nbsp;conexi\u00f3n mantenida por el&nbsp;espacio entre los \u2018T\u00fa,\u2019 explorando las posibilidades de cercan\u00eda y distancia,&nbsp;habr\u00eda sido una mediaci\u00f3n entre T\u00fa y&nbsp;T\u00fa, no una fusi\u00f3n de T\u00fa con Yo. El efecto&nbsp;de tal movimiento en un \u2018Nosotros,\u2019 que permitiera que el \u2018T\u00fa,\u2019 a trav\u00e9s de la&nbsp;alteraci\u00f3n el\u00edptica,&nbsp;mantuviera un espacio de apertura, podr\u00eda haber disuelto&nbsp;la absorci\u00f3n egoc\u00e9ntrica de la resonancia entre Yo y T\u00fa, T\u00fa y T\u00fa dentro del&nbsp;\u2018Nosotros.\u2019 El eco desvanecido del llamado \u2018\u00a1T\u00fa!\u2019 no habr\u00eda sido el \u00fanico&nbsp;sonido persistente en ese despliegue. Quiz\u00e1s, despu\u00e9s de un&nbsp;abrazo as\u00ed entre T\u00fa&nbsp;y T\u00fa, habr\u00eda quedado un sonido en el umbral de su encuentro, manteniendo al&nbsp;\u2018Nosotros\u2019 en equilibrio entre T\u00fa y T\u00fa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escribes:<\/em>&nbsp;\u201cLlev\u00e1bamos el \u2018T\u00fa\u2019 en nuestro lenguaje como una cicatriz que no se&nbsp;desvanec\u00eda. Pero la herida no era el \u2018T\u00fa\u2019 en s\u00ed, sino lo que&nbsp;despertaba en&nbsp;nosotros: el encuentro con lo perdido. Una herida atada en el \u2018Nosotros.\u2019 Era&nbsp;el entrelazamiento de palabra y presencia,&nbsp;revelando claramente que el \u2018T\u00fa\u2019 era&nbsp;siempre solo un intento de contacto\u2014un gesto que siempre se desvanec\u00eda al&nbsp;intentar tocar. El \u2018T\u00fa\u2019 no&nbsp;formaba nada tangible. No era un recipiente que&nbsp;sostuviera con seguridad, sino algo que se deslizaba de nuestras manos,&nbsp;oblig\u00e1ndonos a&nbsp;alcanzar, a fallar una y otra vez. Un signo que nos desafiaba.&nbsp;En nuestro encuentro, dej\u00e1bamos huellas el uno en el otro, pero nunca&nbsp;completamente\u2014una marca, un eco que jam\u00e1s se convert\u00eda en una forma completa.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00ed. Hablas de ese intento, desde el eco del llamado \u2018T\u00fa,\u2019 de extraer un&nbsp;sonido que pudiera mostrar que, en la resonancia entre T\u00fa y T\u00fa,&nbsp;dentro del&nbsp;\u2018Nosotros,\u2019 podr\u00eda encontrarse algo m\u00e1s que el espacio vac\u00edo donde un \u2018Yo\u2019 se&nbsp;hab\u00eda asentado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escribes:<\/em>&nbsp;\u201cEl \u2018T\u00fa\u2019 pod\u00eda ser sofocante, demasiado cerca, una presencia&nbsp;abrumadora. Y, sin embargo, segu\u00eda siendo una palabra, un signo&nbsp;lanzado al&nbsp;mundo, sin certeza de que llegara. Se pronunciaba\u2014lo quer\u00edamos completo, pero&nbsp;sab\u00edamos que solo pod\u00eda ser una&nbsp;aproximaci\u00f3n, un intento de algo que siempre se&nbsp;alejaba. Y aun as\u00ed, el \u2018T\u00fa\u2019 era irreversible. Permanec\u00eda\u2014no la palabra, sino lo&nbsp;que&nbsp;significaba: la huella del otro, que segu\u00eda viviendo en nosotros. Pero esa&nbsp;irreversibilidad estaba llena de dudas. \u00bfHab\u00eda llegado&nbsp;verdaderamente a la&nbsp;persona? \u00bfSe le hab\u00eda hecho justicia? El \u2018T\u00fa\u2019 llevaba esta ambivalencia\u2014la&nbsp;pregunta de si el signo alguna vez pod\u00eda&nbsp;abarcar verdaderamente lo que&nbsp;significaba.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfSab\u00edan esto aquellos atados al \u2018Nosotros\u2019, como t\u00fa los describes? Si&nbsp;ocurri\u00f3 tal como lo relatas, entonces aquellos unidos como \u2018Yo\u2019 y \u2018Yo\u2019&nbsp;ya no&nbsp;pod\u00edan mantener la suspensi\u00f3n entre T\u00fa y T\u00fa. Por eso lo captas con tanta&nbsp;precisi\u00f3n\u2014esta configuraci\u00f3n de un \u2018Nosotros\u2019 hecho de&nbsp;\u2018Yo\u2019 y \u2018Yo\u2019:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl&nbsp;\u2018T\u00fa\u2019 no pod\u00eda ser contenido en palabras, y, sin embargo, solo a trav\u00e9s de las&nbsp;palabras exist\u00edamos. Siempre era un gesto de lenguaje que&nbsp;se\u00f1alaba hacia la&nbsp;verdad, hacia un silencio que ninguna palabra pod\u00eda romper. Tal vez fue en este&nbsp;mismo fracaso de las palabras donde el&nbsp;\u2018T\u00fa\u2019 viv\u00eda. Era la insuficiencia del&nbsp;lenguaje lo que nos recordaba que el signo nunca pod\u00eda encarnar por completo lo&nbsp;que significaba. Y si se&nbsp;promet\u00eda plenitud, era solo como un intento imperfecto&nbsp;de sentir cercan\u00eda. El \u2018T\u00fa\u2019 segu\u00eda siendo un punto en un camino hiperb\u00f3lico,&nbsp;una&nbsp;fuerza en fuga que, en su desvanecimiento, revelaba la esencia de este&nbsp;encuentro imposible con el punto nulo. No era unidad, sino lucha&nbsp;constante, una&nbsp;resistencia, un filo. Las palabras siempre nos llevaban solo hasta el borde,&nbsp;nunca m\u00e1s all\u00e1. Era la imperfecci\u00f3n lo que le daba&nbsp;al \u2018T\u00fa\u2019 su filo, lo que&nbsp;permit\u00eda un nuevo comienzo, incluso cuando el fracaso era seguro. El espacio&nbsp;entre nosotros era un campo de costuras,&nbsp;un plano donde los enredos tocaban al&nbsp;otro, una compasi\u00f3n sin la total superaci\u00f3n de la extra\u00f1eza. El \u2018T\u00fa\u2019 era el&nbsp;otro, revelado, pero nunca&nbsp;completamente comprendido\u2014una protesta contra&nbsp;nosotros, una huella que permanec\u00eda, siempre un fragmento.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>Oportunidades diminutas, tan delgadas como el aire, de p\u00e9rdidas por&nbsp;fricci\u00f3n guardadas en los huecos, mientras pasen desapercibidas.&nbsp;Cada&nbsp;exposici\u00f3n, un instante que se presenta. Hurgando en puntos de vista que se&nbsp;desvanecen, en campos visuales consumidos. El&nbsp;destello de un ojo, el roce de un&nbsp;toque que impacta la mente. Un abrazo se siente como un baile. A veces, un&nbsp;intento de cruzar una l\u00ednea, de&nbsp;traspasar un l\u00edmite, un cambio de lugar, una&nbsp;exploraci\u00f3n de umbrales, una transformaci\u00f3n de la tierra de nadie en un&nbsp;territorio indeterminado&nbsp;viene acompa\u00f1ado de un dedo levantado: \u00a1T\u00faT\u00fa!\u2014como si&nbsp;fuera un juego de ni\u00f1os, una caminata en sue\u00f1os. \u00bfCu\u00e1ndo y c\u00f3mo se&nbsp;convierten&nbsp;los reflejos en fuentes de resonancia?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Te detienes, me miras, y dices:<\/em>&nbsp;Entre nosotros, nada m\u00e1s que un espacio en&nbsp;suspensi\u00f3n, un filo de luz y vac\u00edo, donde el eco del \u2018T\u00fa\u2019 se&nbsp;apaga y renace.&nbsp;Los reflejos se convierten en fuentes de resonancia justo cuando abandonan su&nbsp;pretensi\u00f3n de solidez, cuando dejan de ser&nbsp;solo superficies lisas y, como una&nbsp;silueta, se vuelven transl\u00facidos a la profundidad del entre. Un espacio sin&nbsp;centro, que no lo necesita\u2014un&nbsp;lugar de devenir, presente en la ausencia,&nbsp;ausente en la presencia. El \u2018T\u00fa,\u2019 permanece, un susurro rojo disolvi\u00e9ndose en&nbsp;el aire, girando,&nbsp;esparci\u00e9ndose, redescubri\u00e9ndose en el flotar de lo no dicho,&nbsp;tejido en la vestidura del aire. No sostenido, nunca fijo, siempre solo un&nbsp;suspiro&nbsp;que roza la mano y desaparece, un residuo rojo que sigue respirando despu\u00e9s&nbsp;de la palabra. No centro, no fijaci\u00f3n\u2014solo permanece el&nbsp;flotar, el hablar desde&nbsp;el borde del mundo, el nunca-estar-aqu\u00ed del \u2018T\u00fa.\u2019 Cuando la elipse pierde sus&nbsp;focos, cuando el umbral deja de ser&nbsp;umbral, solo un paso hacia lo incierto, un&nbsp;espacio que no puede cerrarse. Entre nosotros, el tono rojo, en eco y&nbsp;resonancia, donde cercan\u00eda y&nbsp;distancia pierden significado, y todo, incluso lo&nbsp;no dicho, se sigue diciendo en el sonido fractal, cada vez m\u00e1s suave, hasta que&nbsp;ya no lo&nbsp;o\u00edmos. Porque se vuelve demasiado suave para nosotros. Y a\u00fan nos&nbsp;escucha para siempre. Porque se vuelve demasiado cercano para&nbsp;nosotros. Un&nbsp;\u2018espacio actual,\u2019 lo llamaste una vez\u2014un lugar ni fijo ni cerrado, siempre en&nbsp;transici\u00f3n, un espacio donde el \u2018T\u00fa\u2019 se despliega&nbsp;sin revelarse por completo.&nbsp;Donde el tono rojo permanece suave, tan delgado como un susurro, haciendo&nbsp;quebradiza la piel del lenguaje,&nbsp;agriet\u00e1ndola y haci\u00e9ndola sangrar. No un lugar&nbsp;de l\u00edmites, sino uno de permeabilidad dolorosa, no delimitado, sino goteando,&nbsp;marcando. Un&nbsp;espacio que te acoge y te suelta, donde ver y respirar son lo&nbsp;mismo, a la vez, un silencio que no se rompe. Y as\u00ed permanece el&nbsp;\u2018T\u00fa\u2019\u2014desgarrado por el papel de lija, el tono rojo polvo en el viento, que no&nbsp;promete nada, no sostiene nada, solo queda en el momento. Su&nbsp;movimiento no es&nbsp;un objetivo, no es un sost\u00e9n, solo un roce, un toque, dedos llenos de polvo, un&nbsp;no-perderse, atrapado en el movimiento&nbsp;que regresa del silencio y se retira. El&nbsp;flotar entre nosotros\u2014el \u2018T\u00fa,\u2019 el falso secreto, el residuo rojo que da un eco,&nbsp;que permanece, sin llegar&nbsp;a ser completo. La herida abierta que crece a trav\u00e9s&nbsp;de la centraci\u00f3n, y que solo sana al abrirse a lo posible, al soltar, al dar&nbsp;espacio. Un&nbsp;tono rojo que apunta al desierto, dejando el peso, no elev\u00e1ndose,&nbsp;sino expandi\u00e9ndose, soltando, lo desconocido\u2014un dejar ir para&nbsp;experimentar al&nbsp;otro. Un no-objeto que nunca se vuelve tangible, que encuentra su comienzo en&nbsp;su ruptura, en la colisi\u00f3n que nos separa,&nbsp;que nos une\u2014un sentir que permanece,&nbsp;siempre un residuo, un \u2018T\u00fa,\u2019 un \u2018T\u00fa\u2019 roto, una obra fractal que se repite, que&nbsp;se multiplica, llevando el&nbsp;todo en cada fragmento, y, sin embargo, nunca se&nbsp;convierte en completo. Un \u2018T\u00fa\u2019 que vive en la l\u00ednea de fractura, dividi\u00e9ndose y&nbsp;transform\u00e1ndose, siempre apareciendo en nuevos \u00e1ngulos y reflejos\u2014un juego de&nbsp;partes que no conoce la totalidad, un eco rojo en las&nbsp;fisuras de la&nbsp;fragmentaci\u00f3n, que permanece. El \u2018T\u00fa\u2019 no es identificaci\u00f3n ni comprensi\u00f3n, sino&nbsp;la condici\u00f3n para la posibilidad de un entre, que&nbsp;lo deja emerger\u2014un espacio&nbsp;que solo existe en la apertura, un umbral que se abre, un movimiento que nos&nbsp;permite habitar en la&nbsp;incertidumbre, permanecer en el fragmento que nunca&nbsp;quiere ser completo, para permitir que lo (im)posible vuelva a suceder.<\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00ed: el origen es el objetivo. Por eso es tan fascinante seguir las&nbsp;resonancias rojas entre T\u00fa y T\u00fa. Y la pregunta de qu\u00e9 tiene esto que ver con&nbsp;la&nbsp;paciencia de los \u00e1ngeles y la imagen del Angelus Suspensus se responde muy&nbsp;f\u00e1cilmente: porque el \u2018Nosotros\u2019 trata sobre la diferencia&nbsp;entre la realidad&nbsp;del Yo y la realizaci\u00f3n del T\u00fa. Incluso el \u2018Nosotros\u2019 en suspensi\u00f3n est\u00e1 al&nbsp;borde de saltar. El \u201ctono rojo\u201d convierte el acorde&nbsp;suspendido en una&nbsp;\u201cfrontera\u201d musical, como una Colgada en la danza.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tom Sojer<br>Robert Krokowski<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Angelus suspensus. 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